Tuesday, 2 October 2012

Diciembre 9 de 1913



Dicen que sufrir de insomnio, igual que de buena memoria, es uno de los peores males, pasar noches en vela sólo con nuestros propios recuerdos dando vueltas como pajaritos puede llevar a una persona que de día es normal, a convertirse en un desadaptado durante la noche. Una noche de luna menguante, en las Luciana no podía dormir decidió investigar de dónde podía provenir esa lucidez incesante, que aunque le daba más tiempo para hacer otras cosas empezó a confundirla, hasta el punto que no estaba segura qué era real y qué podría haber imaginado. Entre gruesas enciclopedias antiguas heredadas de la familia materna, encontró una con la foto de un hombre con ojos oscuros y profundos, con gruesas cejas negras y un sombrero en la mano, que databa de 1913. En esa página estaba la palabra que buscaba, Insomnio en letras negras y antiguas, síntomas, tratamientos, razones.

Con los dedos de la mano derecha sobre el papel oscurecido por el tiempo empezó a leer, El insomnio, como se ha descubierto, es un mal que se transmite de una persona a otra, aunque todavía se desconocen los mecanismos cómo se logra dicha transmisión. Vio unas palabras junto a ésta frase, foto. Volteó la foto y empezó a leer palabras de otra época que parecían sacadas de su propia vida.

Intentaron curarme de muchas formas, agua de luna llena, collares de plata, esconder una arveja debajo del colchón, pincharme con una aguja, miel con leche caliente, pero ninguna parecía funcionar. Terminé amando más la noche que el día, oír a los durmientes respirar y tratar de ver sus sueños porque extrañaba los míos. Me convertí en un tomador de sueños, y a cambio de los sueños que robaba cada noche dejaba en su lugar un papelito con alguna de mis ideas. Por las mañanas, cuando el mundo volvía a vivir bajo la luz del sol, veía como mis palabras se hacían realidad, empecé a entender la utilidad de lo que hacía, yo estaba construyendo el mundo a mi manera. Durante la noche empecé a construir una bodega de sueños, era una gran biblioteca que iba en espiral hacía el fondo de la tierra colmada de los sueños que robaba cada noche. A cada uno lo marcaba con su respectivo dueño y fecha por si algún día debía devolverlo todo.  El mundo era mi reflejo, y mi biblioteca era el reflejo del mundo, de todo lo que pensaban los hombres  y no se atreven  a decir, todas las cartas que escriben mentalmente y nunca envían, todo el amor que podían sentir por alguien y nunca decirlo, todo era mío.

No cabían más palabras en la foto, pero Luciana sentía una curiosidad inmensa, quién era esta persona que había escrito todo esto, por qué sabía exactamente lo que sentía Luciana en ese mismo momento, era acaso uno de sus antepasados, podía ser hereditario, tenía que saber que pasó después con el hombre de la foto, el ladrón de sueños. Empezó a pasar las páginas a voltearlas, leyó varias veces lo que decía en la foto, oyó como su madre le deseaba las buenas noches desde el otro lado de la casa, y entonces se volteó, miró una antigua foto familiar, en el fondo, detrás de su abuela estaba el hombre. ¿Mamá? ¿Hmm? ¿Quién es este hombre? Mi abuelo. Sintió un escalofrío por la espalda, volteó el portarretratos y lo abrió, encontró una frase: v II página 88. Bajó las escaleras lo más rápido que pudo, tomó el segundo libro de la enciclopedia, abrió la página 88, nada. Habían pasado casi 100 años desde que la foto fue tomada, podía ser que nunca encontrará la continuación de la confesión de la foto. Pero algo, el ambiente de la casa quizás, la motivo a seguir buscando, tomó el séptimo libro, abrió la página 88 y encontró un manuscrito en un papel que podría desaparecer en cualquier momento.

Tenía el poder del mundo en mis manos, podía manejar a cualquier persona, conocerla cómo nadie jamás ha conocido a alguien, como ni siquiera ellas mismas se llegarían a conocer. Pero dejar pedazos de mí en cada uno para poder tomar sus sueños empezaba a agotarme, mientras los demás se parecían cada vez más a mi yo era cada vez menos yo. Intenté escribir la misma idea muchas veces y ponerla en muchas mentes a cambio de sus sueños “el amor es libertad”, pero se volvió demasiado poderosa e imposible de controlar. Pronto las calles se llenaron de manifestantes que hablaban sobre la libertad, sobre el amor, de derrocar al poder, pero no sabían por qué lo hacían. Sin embargo, mis propias ansias de poder me impedían detenerme, simplemente empecé a intercambiar algunos sueños, los que me parecían aburridos, y seleccionaba los que más me gustaban, los guardaba en mi biblioteca y pasaba horas mirándolos mientras se desenvolvían en una especie de humo.

Una de las noches de mi interminable desvelo me sorprendió un sueño que atrapé mientras se escapaba de su cautiverio, aquel que me había quitado el sueño soñaba conmigo. Por fin todo era claro, se desenvolvían los hechos al revés y volvían a mí los recuerdos de una vida pasada. Lo conocí una noche oscura, en la que las pocas luces de la ciudad opacaban las estrellas, empezó a hablarme de cómo no podía dormir en las noches y se la pasaba leyendo o pintando porque era un artista. Vivía a pocas cuadras, nos empezamos a ver por las noches a escondidas, leíamos juntos, se ofreció a pintarme y una de esas noches me robo el sueño. Intenté quitarle su sueño como él me había quitado el mío, pero no pude, me quedé ahí inmóvil, hasta que la luz de un nuevo día se acercó y abrió sus ojos.

Lloré como nunca había llorado, me abrazó, no podía hacer lo mismo que él me había hecho.

Luciana también estaba llorando, ella también empezó a recordar su otra vida, sus ojos, su pelo, el ladrón de sus sueños. Ahora, ella tenía el poder en sus manos, escoger entre el poder de amar o el amor por el poder. Sintió que su vida era solo la repetición de otra, y entendió, que la historia no había terminado, ella era solo el resultado de la idea, del sueño de alguien más, que se repetía porque no encontraba una salida. 

No comments:

Post a Comment